Diálogos fugaces en el limbo del pensum cotidiano
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Resumen
Cada momento requiere un poco de saliva y se vive pase que pase saliva. Y somos ridículos, conscientes, inconcientes, sabios, torpes, renegados. Arrancamos sonrisas a cada paso, muecas, te mueves mientras hablo, te meneas en la silla. Somos periodistas, pero antes y para ganar lo anterior es necesario sentir la delicada fragancia de la noche y el roce incesante de la existencia del prójimo o mejor del próximo. De vez en cuando el mundo se convierte en una enredadera, quedas atrapado, enroscado, asfixiado. Llueve y tu ahí. Sol y tu ahí. Gritos y tu ahí. Silencio y tu ahí. Necio, terco, insistes. Hablas comun y silvestre, después pintas colores y vas a misa. Hipócrita hombre de este siglo, se te acaba la inspiración, se te acaban las mentiras. Las palabras no se prestan a tus ruines fines. Pero crees que investigas, que titulas, que ayudas a la comunidad de porquería en que deambulas, pobre inocencia de ignorancia. Despierta que te ausentaste durante mucho tiempo y ya otros han tomado tu lugar, pellizcate debajo de la axila para que puedas ver por entre las sombras que amenazan con cubrirlo todo.

